Penélope ya no es más que un trozo de marfil Con el que juegan los monstruos en el abismo Las olas nunca se habían visto así tras los resquebrajados cristales del apartamento 247. Suaves, rompiendo con calma sobre la orilla ahora desierta; silenciosas, apacibles, encantadoras. Como un susurro. Una canción de cuna resonando en el abismo, acompañando el danzar de las olas en...