Supongamos que, en un momento dado, pudiéramos sentarnos a la mesa de juego con la plena libertad de mezclar cada uno de nuestros gustos personales y hacer que tus personajes líen con ellos. Supongamos que alguien viniera con una propuesta: te quieren de master, a vos, al narrador eterno. Te dan un manual y una lista de nombres. Quieren jugar ese juego que tanto se parece a...