Dos personas, dos mentes, dos mundos. Una idea. En 1943, sentado frente a una pila de manuscritos arrugados y libros de medicina, un psiquiatra austriaco de apellido Kanner daba los toques finales a su último trabajo. Al mismo tiempo, y a quien sabe cuantos kilómetros de distancia, sin conocerlo y sin siquiera haber oído alguna vez de él, otro médico psiquiatra austriaco de...