Deseo, siempre, Deseo

octubre 24, 2011

Al parecer, The Sandman ha inundado mis pensamientos últimamente; así como Destino se inmiscuyó en mis asuntos, volviéndome loco durante la última partida, hoy siento que es momento de hablar sobre Deseo. Quien mejor que Deseo para dar pie a este tema tan tratado entre masters y pocas veces comentado con los jugadores? El deseo, lujuria e incluso enamoramiento en los juegos de rol es extraño, lo cual no quiere decir que sea nulo. ¿Acaso nunca les ha pasado que al aparecer un personaje x, npc por lo general, los ojos de alguno de los jugadores brillan? Siempre me he dado el lujo de tener al menos un personaje capaz de cautivar la mente de al menos un jugador: en psicoanálisis hablamos de transferencia, ese suceso particular que se da en la charla entre analista y paciente, por el cual el paciente desarrolla un amor incondicional o un profundo odio injustificado hacia el analista. Allí, en ese ámbito nos resulta normal, aunque siempre es difícil saberlo llevar (y ahí vemos en el mismo Freud, y más ámpliamente en los casos de su amigo y compañero Bleuler, cómo confundieron el amor producto de la transferencia con el amor verdadero y, de alguna manera, huyeron despavoridos de él).
En el contexto narrativo de WhiteWolf no deja de pasar algo similar. Los jugadores quieren más o menos a un PNJ, pero existe ESE momento en que la historia, la narración, ESE suceso particular, toca algo profundo en la cabeza y en el sentir de un jugador y ¡PAF! sus ojos comienzan a brillar de otra manera. Nos ha pasado a todos los que nos metemos profundamente en un personaje o en una historia. He visto campañas caer por la decisión inesperada de un jugador, que estaría dispuesto a sacrificarse el mismo, hasta la mismísima muerte, por salvar la vida de ese bendito y precioso PNJ que tanto aman.
A mis jugadores les resultará raro, e incluso pensarán que me he vuelto loco (más loco... más), pero yo lo he visto, y hasta me animaría a decir que lo he vivido.
Hace dos tardes di a luz a un nuevo personaje, cuya historia hará que mis jugadores sientan el sudor frío caer por sus frentes. Pero lo que importa hoy no es tanto ese punto, sino lo que es capaz, potencialmente, de generar en la cabeza del jugador (y no del personaje).
Algunos aman a su analista, otros (verídico) aman a sus directores de juego. Pero no quería dejar de lado, casi para dar pie a una charla más profunda algún día, que algunos incluso aman a un personaje, propio o producto de la majestuosa imaginación de alguien más. Creo que ella dará que hablar, como lo hicieron la famosa Vera en su momento (muajajaja) o Invierno, lejos y hace tiempo. Marianne, dirán los que me conocen, aunque me animo a decir que no llega a expresar lo que quiero decir con este post.

-Veremos, siempre... veremos ;)

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