Persistir más allá de la partida, o pensamientos irrisorios

octubre 25, 2011

Qué significa crear un personaje? Pregunta sencilla para algunos, si, pero existimos aquellos a los que, una pregunta de este estilo nos consume la cabeza durante largo tiempo, hasta que, exhaustos, abandonamos el intento de darle respuesta. Quizá esta vez no hable el master; posiblemente hoy esté en el papel de jugador, e incluso eso también se quede corto. Hablo desde el complejo de escritor frustrado, desde el "manejador" de los hilos del destino de infinidad de personajes y situaciones. Siempre pienso los personajes desde un lugar abstracto, desde un concepto, desde un trasfondo que poco tiene que ver con una ficha con circulitos a completar. Obviamente, llega el momento en que es oportuno tomar la ficha y traducir ese personaje a un lenguaje estructurado que permita jugar (léase ficha o planilla), pero lo importante es que nunca recomiendo comenzar por ese punto. 
Han pasado años desde que creé mi primer pj, siempre atento a ese estilo de creador de mundos, y aún así, esa primer creación sigue teniendo vigencia: continúa apareciendo, con algún que otro cambio, en cada partida, en cada contexto. Por qué? Pues porque creo, modestia aparte, haber creado un personaje de esos que perdura en la cabeza de quienes lo conocen. En ese momento, como el gran protagonista de un libro que nunca fue escrito, Sebastièn tomó las riendas de su propia historia. Supo tener un trasfondo, una historia profunda, una red de elaboradas situaciones que lo llevaron a ser lo que es, fue y será: un loco. Pero claro, Sebastièn no es "un loco más", uno más del montón, por el simple hecho de tener, bajo el manto de esa particular expresión de locura, una razón de ser.
¿Cuantos personajes de los que se han sentado en nuestras mesas supieron tener una razón de ser?, ciertamente, pocos. Y no lo digo como crítica, ya que podría suceder que en otras mesas, lejos de mi conocimiento, existan innumerables personajes épicos, de un modo u otro. Lo digo a modo de reflexión, a modo de pauta para la creación de futuros personajes, de futuras historias: la idea es animarse, no quedarse en el molde, no frenar en el irrisorio pensamiento por el cual creemos que para crear un personaje basta simplemente con completar una ficha. 
Algunos de nosotros creamos personas y no personajes; creamos... ¿vida? no. No es para tanto. Pero creamos historias que se parecen bastante a la realidad, con sus vampiros y hombres lobos, con la magia en el aire, con las hadas detrás del espejo: la realidad, hecha y derecha. Cuando alguien se para en un escenario, con un guión armado o sin él, representa un personaje, interpreta una vida, una historia que lo conforma (y lo confirma). Porque, de no ser así, la obra sería un desastre o, al menos, se sentiría vacía. El juego de rol no difiere tanto del arte, del teatro, del psicoanálisis. Seamos respetuosos con el master de turno y con los jugadores de la mesa a la hora de crear los personajes, porque cuando un personaje está vacío, aquellos que lo rodean también se van vaciando- No hay espacio para la actuación con personajes vacíos, no hay lugar para sucesos épicos, simplemente se da una sucesión de hechos entre marionetas... y eso no es lo que buscan los masters, los jugadores, los lectores de un libro ni los espectadores de una película. 

A qué va todo esto? Pues quien sabe; sale de varios puntos que quiero tratar a lo largo del existir de este blog, pero surge de algo que leí hace un momento, raramente, sobre Warhammer. Una frase, de no más de dos renglones, que describía de pies a cabeza a un personaje: cuando uno está creado siguiendo la lógica del escritor, ese personaje vive, ciertamente, con solo decir una o dos palabras sobre él.


"La única cosa que odio más que los barcos son los árboles, ya que me recuerdan a los elfos".
-Gotrek Gurnisson.

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