Llenar de negro la planilla

enero 04, 2012

Aquí hablamos entre amigos, así que no hace falta andar con vueltas ¿verdad? Hemos dado un paso, diría yo "sin retorno" hacia la experiencia rolera menos powergamer de nuestro "largo" historial rolero. Por primera vez nos sentamos a la mesa con solo un par de dados de 6 caras, y rememorando viejos sistemas, de esos a los que llamábamos indies, nos pasamos un par de horas recorriendo puertos de contrabandistas y naves imperiales. Lady Blackbird, un juego/sistema que asombra por su simpleza, nos permitió por primera vez jugar casi sin números: rasgos, claves y secretos, de tinte narrativo hasta la médula, nos alejo de esas planillas llenas de números o circulitos pintados de negro.
Es acaso LadyBlackbird mejor que los sistemas a los que hago referencia? Pues, definitivamente no. Pero me siento en la obligación casi moral de admitir que se trata de una obra maestra.
Poco que decir de la partida, ya que, de decir algo, debería contarla toda. Divertida y bien jugada, a la espera de una continuación dentro de un par de días. Por lo pronto, siguiendo la aventura introductoria del infinito manual de 15 páginas, cuatro jugadores, cuatro desquiciados, han escapado de las garras de la nave imperial Mano del Pesar, le han tomado el pelo a los marines de alto rango, y se han metido en un lindo embrollo en las costas del Puerto Umbria, bajo la necesidad de conseguir suministros técnicos para reparar su maravillosa pero destartalada nave C9 modificada.

Vampiro la mascarada, ejemplo de planillas pintadas de negro, no dejaba de girar en mi cabeza cuando dirigía esta corta campaña steampunk. Así como a todos los juegos de WhiteWolf, los prefiero al comienzo, en el principio de las campañas, cuando los jugadores están inmersos en la narrativa del personaje. Son muchos los powergamers. Con eso digo todo.

Por suerte, cada vez que me senté a la mesa como jugador, me topé con directores que me enseñaron mucho. Directores que no me permitieron, en mis años de novato, caer en la tentación de llenar círculos bajo la absurda creencia de que un personaje es mejor o más útil si tiene más negro que blanco en la planilla. Y así, buenos narradores tejieron historias "para mi", desde conspiraciones por dentro y fuera de la camarilla, hasta bellos cuentos de hadas situados a la vuelta de la esquina. Ninguno de mis personajes, y esto se lo agradezco a mis narradores, fue "comido" por los números o las disciplinas: primero el trasfondo me decían, primero dale vida; después vemos qué sabe hacer y qué tan diestro es en eso que hace. Así perduran personajes que han conocido casi todos "mis" jugadores: historias interminables que raras veces narran un combate, porque la idea de un juego narrativo es ser creativo y jugar casi sin tirar dados, casi sin combatir.
... como master me ha costado más. Me ha costado evitar que mi reserva de npcs se agote por la muerte constante de todos ellos. Habrá entonces que repensar las partidas de mis maestros, a ver en qué la pifié.

Por lo pronto, y en busca de mejorar esos aspectos de mi persona como narrador, estamos aprovechando las vacaciones al más puro estilo rolero (heme aquí, en la oficina, escribiendo como si realmente estuviera de vacaciones como mis compañeros). Mesa de nWoD (sobre la base de Requiem), mesa de oWoD (Changeling), y pequeñas reuniones en las que jugamos "lo que venga". Ejemplo de esto ha sido "Mazmorras y DeeDee", 3 horas de juego en torno al capitulo rolero del laboratorio de Dexter, o "El cruzado, el Arcangel y la Harpia" futuro modulo que dirigiré inspirado en una presentación de Les Luthiers (estén preparados).

Solo eso.

Escribo como excusa para decirles esto: estén preparados :)

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